Nunca pensé que mis piernas bajasen, en el 2011, más allá de Algeciras pero mira por dónde ¡¡he llegado hasta Senegal!!.
Esta visita no ha sido por casualidad sino por seguir los pasos de mi querida madre que desde febrero se ha instalado a vivir en Dakar. Rauda y veloz pensé “vete para Senegal que vaya a ser que pase algo y al final no puedas vivirlo” (como si me lo fuesen a quitar… pero quién sabe). Y gracias a un conjunto de cosas: días de vacaciones en el trabajo, dinero en la cuenta (prestado) y que mi madre tenía disponibilidad en “Casa Vallejo”… aquí estoy.
Tengo 11 días para conocer un poco un país que de momento es el sitio de residencia de “mon mère”, y por lo que he podido ver hoy, por mucho tiempo.
Dakar te recibe con un golpe de humedad que te deja seco. He de decir que me encontré con un aeropuerto que me pareció bastante más organizado (ya sabes… por aquello de los prejuicios) de lo que yo me había imaginado pero…ohhh pero… siempre hay una cinta de maletas que sigue a un vuelo. Es ahí, curiosamente en ese punto, donde empiezas a intuir lo que va a ser Senegal.Cientos de pasajeros arremolinados junto a una cinta continua, mujeres con miles de metros de tela en el cuerpo, los carritos machacándote los talones, hombres altísimos (y obviamente negrísimos) pero cual fue mi sorpresa al ver que entre todo ese kaos (en el que los blancos estamos más perdidos que un pulpo en un garaje) se siente la afabilidad, el amigo que sin conocerte te echa una mano, miradas cómplices y sin quejas. Lo que ves en todo ese tremendo lío es sobre todo gente que se sonríe, te sonríe, y charla de un lado a otro de la cinta mientras espera con una infinita paciencia.
Mi falta de fe estaba a punto de hacerme perder la paciencia de tener un emocionante reencuentro con mi maleta cuando, al fin, la vi pasar y así, maleta en mano puse mi primer pie en Senegal. Muy decidida y como si entendiese todo lo que me decía la policía…salí del aeropuerto a “noche cerrada” y mi siguiente sorpresa, no conseguía ver a la gente… (noche cerrada y ellos…tan oscuros) hasta que alguien gritó mi nombre. Ese fue mi primer encuentro con Abdú (pieza fundamental en mi viaje… es mis ojos, mi banco, mi regateador, mi paseador y espero que mañana, mi pareja de baile).
Así, triunfante, he llegado África. Donde me espera mi madre, mi querida madre a la que llevaba un par de meses sin ver.
Cena, confidencias, charlas y un par de cafés (a la 1 de la mañana) nos hicieron irnos a la cama tras intentar, como hablamos nosotras, contarnos 100 cosas en 2 minutos mientras saltamos de un tema a otro sin finalizar el anterior y volviendo sobre él cuando nos da la gana.
Durante esas 4 horas el rejo me dejó breves explicaciones de cambios de moneda, tiempo para explicaciones de funcionamiento y comportamientos, tiempo para escuchar cómo rompe el mar casi el la puerta de la casa, tiempo para que me desgranasen pequeños detalles de la vida de la gente que facilita la existencia de mi madre pero lo que se me ha quedado más grabado es el volver a escuchar, en directo, la voz de mi madre en la que tanto he pensado y, por qué no… he añorado, durante estos meses.
Mañana, es decir, hoy… hemos tenido un día intenso: visitas al taller de costura, probar modelos, ver telas, probar zapatos, visitas a la clínica (ya sabéis… sin los médicos casi no se puede vivir… un OLE por los médicos), nombres de cosas, visitar a artistas, escultores, pintores y demás, esquivar coches, carromatos , cabras y balones, ver bailar a “estos cuerpos” o pasear por las calles, comprar la cena en el puerto… vamos y eso en un día… Pues eso que mañana os cuento más que ahora tengo que digerir.
Como espero hacer cada día… cierro este artículo con un tema musical (que espero que pinchéis para leer este primer “cuentico”)







Me encantan tu ojos de europea pisando por primera vez África.
Creo que deberías haber añadido que Youssou N’Dour es uno de los cantantes senegaleses más conocidos internacionalmente (si no, el más…)
Y te recomiendo la visita a la isla de Gorée. Es visita obligada en Senegal. Es la isla desde la que salían los barcos de esclavos. Y quizá muchos de esos hombres aaaaallltooooooosssssss y con cuerpazo eran Mandingos… sí, sí… Los Mandingos eran de los esclavos más solicitados por su potente físico. ¿Y por qué sé todo esto? porque tuve un novio mandingo….
Espero tu próximo relato….
Pues mira que ya me he enganchado al cuentecico…
Me encanta que estes paseando tu cuerpo serrano por Senegal.
Creo que en muy poco tiempo entenderás el porqué tu madre ha decidido irse a vivir allí. Efectivamente todo es un poco caotico (ella a veces tambien lo es), pero es un caos maravilloso y autentico (como ella siempre lo es).
Conocer África es como volverse a enamorar, sabiendo que tu pareja no te va a defraudar.
Ni nunca, nunca, te va a abandonar.
Aunque a veces te agote.
De intensidad
Y verdad
Casi se me saltan las lágrimas ¡¡ que bonito lo que dices!! Un beso fuerte fuerte.